sábado, 23 de octubre de 2010

El San Telmo... ¿Barco fantasma?

Hoy voy a hablaros del San Telmo. A los que hayáis leído mis dos últimas entradas tal vez no os pille tan de sorpresa lo que voy a contar ahora, pero aun así...

El San Telmo fue botado en 1788, y junto con "La Prueba", "La Mariana" y "El Alejandro", formó parte de "La División del mar del Sur".

No voy a aburriros mucho con la historia sobre los años siguientes, simplemente quiero centrarme en lo que ocurrió a raíz del 11 de Mayo de 1819.

Zarparon de Cádiz los cuatro barcos hacia el "Apostadero del Callao", que se encuentra por las costas pacíficas del continente americano.

Llegaron bien los cuatro hasta el Paso de Drake, aunque a raíz de allí al Alejandro empezó a entrarle agua por el casco y tuvieron que regresar a Cádiz... (En realidad el Alejandro zarpó un día después, debido a un poblema en el cabestrante mayor).


Pero, a lo que iba. Para pasar a las costas pacíficas de América tendrían que entrar por el cabo de Hornos.

Dos lo consiguieron. El San Telmo no.

Desde entonces, han hecho investicaciones y han buscado el barco por doquier, pero no han encontrado señales del San Telmo por ninguna parte. ¿Qué pudo ocurrir? ¿Naufragaron y el navío se perdió? ¿O llegaron a tierra firme?

Un misterio que, tal vez gracias a mi imaginación, se convierta en leyenda xD (de ahí el título de la noveleta que estoy escribiendo: la Leyenda del Barco Errante).

 Estas son las vistas de "El cabo de Hornos".






Y este el hermoso navío español, desaparecido en el año 1819 en el Atlántico Sur. ¿Sabéis a lo que me refiero? ;)

jueves, 21 de octubre de 2010

La taberna del quinto muelle

¡Hola a todos! ¿Recordáis mi última entrada? La del prólogo... Bueno, pues ahora voy a empezar a colgar el primer capítulo de la historia: LA LEYENDA DEL BARCO ERRANTE.
Espero que os guste, ¡un besito!
CAPÍTULO 1
La taberna del quinto muelle
Era la única taberna a la que hubiese ido en un día como aquel. Muy marinera y rústica, con grandes esferas cristalinas y azulonas colgando del techo, gracias a redes de cuerdas gruesas y blancas.
Las paredes estaban tapizadas de tablones de madera de roble, y en los paneles colgaban distintos trofeos que el tabernero, el viejo Samuel, había ido coleccionando de sus travesías juveniles por altamar. Grandes pinturas de imponentes navíos; algún que otro pequeño timón mohoso, y un gran ancla oxidada eran algunos de esos objetos que “el viejo Sam” observaba con melancolía, mientras servía grandes jarras de espumosas cervezas.
Yo conocí aquel lugar por mi padre, Albert Grey, que en paz descanse. Recuerdo que, cuando aún tenía diez años, solía llevarme con él cuando amarraban su navío al muelle de Cádiz, y pasábamos las horas hablando con el viejo Sam. Él intentaba explicarnos con todo detalle cada una de sus travesías, y yo me quedaba embobado escuchando al tabernero, mientras mi padre, el capitán del San Telmo, sonreía y me revolvía los cabellos, lisos y negros como el carbón.

Cuando entré allí aquella tarde de 1819, yo ya no tenía diez años, sino diecisiete, y mi padre no venía conmigo, puesto que falleció en el 1816. A pesar de todo, me sentí seguro de mí mismo al entrar a aquella taberna pequeña y poco luminosa. Nada había cambiado desde la última vez que fui.
En la entrada seguían apilándose los  flotadores de las redes de pesca, que los marineros hacían secar al sol mientras bebían y bebían.
El mohoso timón medio roto estaba colgado en la misma pared, como el primer día.
Los taburetes que rodeaban la barra de madera seguían gastados, y las bolas azules aún  la iluminaban, colgadas en el techo.
Lo único que cabría destacar, es que Samuel parecía cada vez más anciano. Y ahora, su tatuaje en forma de timón estaba oculto bajo la rota de manga corta de la camiseta, la cual le cubría por completo el antebrazo.
En cuanto me descubrió, sonrió enseñando sus dientes amarillos, y su colmillo de oro.
-Cuanto tiempo, chaval. Ya casi ni te reconozco.-Dijo mientras daba un golpe seco y sonoro a la madera de la barra.
Yo también sonreí, y entré a la penumbra. Me senté en uno de los taburetes marrones, y apoyé los codos en la barra.
-¿Qué tal va todo, chaval?
-No puedo quejarme.-Contesté, aunque no fuese del todo verdad.
Sam limpiaba una jarra de cerveza mientras me hablaba.
-Bueno, Víctor… A ver si me hacéis más visitas, que me tenéis desamparado. ¿Qué tal le va a Albert? ¿Sigue de capitán?
Aquel comentario fue para mí como haberme tirado un jarro de agua fría en la cabeza.
Así que, cabizbajo, susurré:
-Mi padre falleció hace un par de años.
Samuel levantó la vista, pasmado.
-No lo sabía.
-Ya, bueno… No tenías por qué saberlo.
-Se me hizo raro que dejarais de venir a beber tan precipitadamente, chico. Pero nunca pensé que habría ocurrido una desgracia así.-Y tras una breve pausa, llegó la pregunta que yo temía responder.- ¿Cómo ocurrió?
Yo alcé los ojos, y me encontré al viejo Sam más pendiente de mis palabras que de los vasos que debía fregar, así que tomé aire, y comencé:
-Dijeron que llevaban ya dos semanas en mar abierto, cuando encontraron sangre en la cubierta del navío. Pero el cuerpo de mi padre no estaba allí, de modo que pensaron que pudo habérselo comido un tiburón o algo así.
-Eso es imposible.-Exclamó Samuel, aparentemente consternado.-Sabes perfectamente que los tiburones no se meten en un barco así como así. ¿Qué sandeces me estás contando?
-Solo te cuento lo que dijeron los marineros. Nadie vio a mi padre después del incidente, y  dudo mucho que se tirara él mismo al agua helada.
Sam frunció el ceño, y habiéndoselo pensado durante unos escasos segundos, retomó la conversación:
-Tal vez se hiriese… Y el olor de la sangre alertase a los tiburones.
-Es un misterio lo que ocurrió.-Sentencié.-Algunos marineros recalcan que era de noche, y el capitán había ido a dar un paseo y ordenó que nadie lo siguiera. Por eso no estaban allí a la hora en que se produjo la muerte.
Samuel continuó con la limpieza de sus jarras de cerveza, y yo resoplé.
-Yo pienso que se suicidó.-Dije, y en ese instante, a Sam le calló el vaso que sostenía, y emitió un pequeño estruendo al romperse
-No vuelvas a decir eso.
-¿El qué? ¿Que se suicidó?
-Exacto. Ni pienses en que tu padre se suicidó, porque no era un hombre así. Albert os quería muchísimo. A ti, a tu madre y a tu hermana Clotilde. Así que ni se te ocurra volver a comentarlo en mi presencia.
-No hace falta que te pongas así. No lo digo y ya está.
-Bien. Cambiando de tema, Vic… ¿Quién es el nuevo capitán del San Telmo?
-Don Rosendo Porlier.
-Bien, bien… ¿Y tú? ¿Tu padre te enroló en el navío?
-Desde luego.-Afirmé, henchido de orgullo.-Soy alférez del barco.
Samuel me puso una mano en el hombro, y me dijo con total integridad:
-Tu padre estaría orgulloso de ti, muchacho.
-Gracias, Sam. Es lo que intento, de veras.
Se hizo el silencio. Sólo se oían las risas de los grumetes que bebían sus cervezas tras nosotros.
Pero yo retomé la charla, y añadí algo inesperado para el viejo amigo de mi padre.
-Por cierto, mañana zarpamos rumbo a América, creía que era conveniente decírtelo.
-¿Y para qué os vais allí?-Añadió el viejo en tono severo.
-Ya sabes que las posesiones españolas en el Nuevo Continente están amenazadas por la insurrección y los movimientos independentistas.-Expliqué.-Vamos a reforzar a las demás fuerzas que fueron hasta allí el año pasado, y a relevar al Comandante del Apostadero del Callao, don Antonio Vacaro.
-¿Sabe tu madre que te vas?
-Sí, lo sabe. Y también lo saben Clotilde y mis amigos. El único que quedabas eras tú.
-Pues me alegro de entrar en tu lista…-Comentó él en tono jocoso.
-¿Sabes qué? Fue por eso por lo que costó tanto encontrar voluntarios para el mando de la División del Mar del Sur. Porque él mismo será el que se quedará allí como Comandante.
Comenté yo, aunque omití el pequeño detalle de que los barcos también se encontraban en malas condiciones. Pero no quería preocupar a Samuel; eso era asunto mío, y ya está.
-Así que, ¿aún no hay nadie al mando?
-¡Por supuesto que sí! Porlier se ofreció en el último momento. Aunque no con mucho entusiasmo, debo de decir.
Después de eso, alguien entró en la taberna. Era un hombre de mediana edad, con el pelo castaño y un poco ondulado, aunque corto. Llevaba una carpeta bajo el brazo derecho, y la agarraba con desesperación.
Finalmente, se sentó a mi lado, en un taburete frente a la barra, y pidió una copa de vino.
Cuando Sam se la sirvió, el hombre abrió la carpeta de cuero marrón. En ella había un blog de dibujo.
Lo abrió y comenzó a observar las figuras que allí había.
Yo también las observaba, fascinado por la exquisita mano del dibujante. En él habían retratados pocos rostros, y lo que más destacaban eran los dibujos de paisajes y animales. Deduje que se trataba de la flora y la fauna de algún lugar determinado.
-Son muy buenos.-Comenté yo para quitar hielo.-Los dibujos, quiero decir.
El hombre me sonrió bonachonamente, y se ajustó las grandotas gafas a la nariz.
-Gracias, joven. Lo cierto es que son de mi hija, pero ella no sabe que le he quitado el bloc.-Volvió a sonreír, y puntuó.-Se enfadaría mucho si lo descubriera, pero el caso es que necesito saber una cosa de él…
-¿Cuántos años tiene su hija?-Cuestionó Samuel.
Cómo no, el flacucho hombre sonrió amablemente al tabernero.
-El mes que viene hará los quince.
-Pues debo decir que son unos dibujos impresionantes.-Comencé.
-Sí.-Suspiró el hombre.-Lo cierto es que es toda una artista.
Y con ese comentario, volvió a ponerse bien las gafas. Yo le ofrecí la mano, y este me la estrechó.
-Víctor Grey, encantado.
-Yo soy Ernesto Rodríguez. Naturalista.
-Yo el alférez del San Telmo.
-¿Alférez? ¿Cuántos años tienes? No debes de ser mucho mayor que mi hija.
-Soy mayor de lo que aparento.-Le dije con una media sonrisa.-Tengo 17 años.
-Tampoco eres tan mayor, chico. Si estás en la flor de la vida… Y deja que te lo diga, tu barco es precioso. Casualmente voy a embarcar mañana en tu navío. Voy a la isla de las Flores, y tal vez me quede por Uruguay. Ya sabes, cosas del oficio. Hoy aquí, mañana allá…-Ernesto suspiró, y volvió a colocarse bien las gafas en su grandota nariz.
-¿Y su hija se quedará sola aquí? Perdone que se lo diga, pero creo que no es una buena edad para dejar sola a una chiquilla en España mientras usted entra y sale del país cuando le viene en gana.-Comentó Samuel, y el señor Rodríguez se echó a reír.
-Por supuesto que no dejo sola a mi dulce Bonnie.-Acto seguido nos mostró su mano izquierda. Me asombró comprobar que estaba totalmente carcomida por las llamas. Es más, en vez de una mano parecía una gran herida que no cicatrizaba nunca.
-Dios bendito, ¿cómo se ha hecho usted eso?
-Hace unos años hubo un gran incendio en mi casa.-Sentenció el hombre, carcomido por la nostalgia.-Me quemé al intentar salvar a mi esposa galesa, Margaret Jenkins, pero…
Comprendí que aquel recuerdo podía causarle más dolor que, incluso el de la muerte de mi padre a mí. A fin de cuentas, el hombre intentó con todas sus fuerzas salvarla de las llamas, y la vio morir. Yo no vi morir a mi padre, y siempre le recordaré con su aspecto jovial y bonachón. ¡Y con su inconfundible acento irlandés!
-Por suerte, mi hija estaba jugando en la playa aquella tarde. No supo nada del incendio hasta que llegó a casa, a las ocho de la tarde. Para entonces, ya habían apagado el fuego, yo tenía la mano vendada, y ella se había quedado huérfana de madre.
-Lo lamento mucho…-Susurré. Pero en momentos así no basta con sentirlo; yo lo sé bien. A la muerte no se la puede tratar como una simple visitante. Alguien inesperado que llama a tu puerta y, como no quiere la cosa, se lleva a tu hijo enfermo, o hace que tu abuela se suma en un sueño eterno mientras descansa en su sillón.
La muerte es mucho más que eso: es la enemiga de la vida y, por lo tanto, enemiga nuestra. Aunque, claro, yo no me di cuenta en aquel momento.
-Lo que iba diciendo… Yo soy zurdo, así que no puedo escribir ni dibujar. Pero para mi oficio se requiere una buena mano con el lápiz, así que me llevo a mi hija a las expediciones, para que haga de mi mano izquierda, y se vaya preparando para la universidad, naturalmente.
Sam y yo asentimos, satisfechos por la explicación.
Ernesto se levantó del taburete, cerró el bloc de la muchacha, lo metió en la carpeta, y se despidió.
-Un placer haberlos conocido, señores.-Se paró en mí, y señaló.-Supongo que mañana nos veremos.
-Eso espero, señor.
Asintió y salió de la taberna. Al abrir la puerta, yo supe que ya había anochecido, y que mi madre y mi hermana estarían esperándome para cenar.
Así que yo también me despedí de Sam, pidiéndole que mañana por la mañana se acercase al décimo muelle para despedirse del hijo del un viejo amigo.
-Vamos, hombre. No está tan lejos. Tu taberna está frente al quinto, no creo que te suponga un gran sacrificio…
-Que conste que iré por tu padre. Se sentiría muy orgulloso de ti.
-¿Y tú te sientes orgulloso, Sam?
-Por supuesto que no. Sabes perfectamente que creo que el mar no es sitio para los humanos. Tal vez para ellos sí, pero para nosotros no.
-Sam… Ellos no existen. No es más que una historia marinera… Una leyenda.
-¿A caso una leyenda puede dejarte una cicatriz en el brazo, muchacho?
Intrigado, le pregunté por la cicatriz. Él se levantó la manga, y me enseñó el tatuaje. Yo, como no, me eché a reír.
-¿Eso es una cicatriz?
-Sí.
Sonreí, y le dije adiós mientras salía de su lúgubre taberna.
Poco a poco, volví a sentir la brisa marina inundar mis pulmones, y comprendí que pasaría mucho tiempo sin volver a ver todo eso. La taberna; el puerto de Cádiz; mi casa; mi familia… De pronto, todos mis recuerdos surcaron cual rayo mi memoria. Sentí pena. Nostalgia. Pero tenía una cuenta pendiente con el mar. Necesitaba encontrármelo cara a cara y, mientras observaba la puesta de sol y su infinita hermosura, preguntarle porqué me arrebató a mi padre cuando yo sólo era un grumetillo de la tripulación. Me senté en el muelle, con las piernas colgando en el vacío que me separaba del océano, y observé la luna. Qué hermosa era. Qué elegante.
Y los ojos se me empañaron de lágrimas. No sufría, qué va. Simplemente me impactó el separarme de todo aquello durante tanto tiempo. ¿Un año? ¿Dos? ¿Tal vez tres? ¡BAH! Qué importaba eso. Entonces tuve el presentimiento de que, posiblemente, no regresara jamás a mi bahía…
Y aunque tan sólo era un presentimiento, me estremeció la idea de no volver a ver todo aquello. Lo que verdaderamente amaba. Todo lo que podía sentir parte de mí. Pero allí, sentado en el regazo de las olas, ¿cómo podía creer que, verdaderamente, aquél presentimiento se haría realidad?



Y aquí una imagen del San Telmo (sí, sí que existió, y la historia de ese barco me da escalofríos... Por eso he pensado escribir una historia fantástica con el barco y el mar como escenario).

 

miércoles, 13 de octubre de 2010

Prólogo: La leyenda del barco Errante.

Os preguntaréis lo que es esto... Pues veréis, resulta que llevo escribiendo esta novelita desde los 9 años, y tenía ganas de poner algún fragmento de ella. Para empezar, subo el prólogo a ver qué os parece.

 PRÓLOGO
Las cosas no son lo que parecen, y lo digo sinceramente; no lo son. Hace mucho tiempo que ya no siento el Sol en mi piel; ya no percibo la luz del día en mis ojos; ni veo al Sol ponerse en el horizonte. Ya no es solo el mar el que se extiende hasta el infinito; es el tiempo. Y, me duele pensar que, por mucho que lo desee, nunca volveré a ver al ser amado, y nunca volveré a sentir su calor.
Hace mucho tiempo me llamé Víctor Grey. Ya no tengo nombre; no lo necesito. ¿Por qué? Porque no estoy vivo, pero tampoco muerto. Supongo que, para el mundo, mi vida se perdió para siempre en las frías aguas del Océano Atlántico; pero no. Ahora, estoy condenado. Condenado a vagar como un alma en pena por toda la eternidad. Condenado a estar vivo y muerto al mismo tiempo. Sin poder vivir; sin poder morir. Condenado a esperar un final, que… Que nunca llegará.
Dicen que la vida es un sueño; pero se equivocan. El sueño es la vida; y la vida lo es todo. Pero no quise admitirlo hasta que sucumbí. No comprendí lo que me ocurría, hasta que amaneció, y el Sol me dañó en mi blanca piel y mis ojos grises.
Pero, por si lo pensabas: no. No soy un vampiro.
Solo soy una triste alma que sueña con mirar de frente al mar, y sentir otra vez el Sol en la piel. Que surca los mares con su tripulación de condenados. El Errante es nuestro nuevo hogar; es nuestra nueva existencia. Y llevo ciento noventa años en este estado. Ciento noventa años en este navío de almas errantes.
Ciento noventa años surcando los mares.
Ciento noventa años sin ver la luz del Sol.
Ciento noventa años sin mi amada.
Ciento noventa años con el alma destrozada…
…Ciento noventa años sin saber por qué ocurrió.
Pero, sufro en silencio. En este barco. En este condenado navío del que no podré escapar...
Jamás.

¿Por qué retomar esta historia? Ya está olvidada… Tan marchita como yo. Nadie la comprendería; nadie sería capaz de sentir lo que yo siento cuando la rememoro. No soy tan bueno contando historias, sin embargo… Puedo intentarlo.
Tal vez no te interese; es más, pensarás que miento, y que este muchachito, sencillamente, lee demasiadas historias de aventuras.
En parte, tendrías razón. Aunque, por otra, estás completamente equivocado. ¿Por qué juzgas a alguien a quien conoces, a penas, dos minutos? Sé que este relato puede parecerte extraño; asombroso y cruel. Trágico y confuso.
Pero, para algo estoy aquí sentado, escribiendo en tinta negra las crueles palabras de mis memorias. Contemplando la luz de la luna filtrarse por el ojo de buey de mi camarote de alférez.

Deseo cambiar las cosas; que sea el sol el que desliza sus rayos por mi escritorio. Que las estrellas duerman mientras yo camino, y no al revés. Fervorosamente, espero y desespero volver a acariciar la arena ardiente. Volver a sentir el corazón palpitante, y mi sangre por las venas.

¿Crees que no recuerdo cómo es estar vivo? Lo añoro desde que me di cuenta de que aquel maldito juramento no me llevaría a la tumba, sino a un lugar peor: el limbo.
Un limbo donde la noche es eterna, y el tiempo pasa para todos, excepto para mí.

Escribo y escribo mientras contemplo el horizonte. Solo se ve un fino hilo de luz blanquecina: el de la dama de plata, que se yergue suntuosa en lo alto del cielo negruzco.

A estas alturas, te preguntarás de qué estoy hablando. Tal vez te lo cuente… Aunque eso conlleve ciertas responsabilidades. No debes decírselo a nadie, bajo ninguna circunstancia. Es un secreto que lleva entre mi especie desde su inicio.
¿Estás intrigado?
Pues mantente atento al relato de este joven fantasma sanguinario.


Viajamos por las profundidades del océano, en barcos que parecen destrozados, y en verdad, nadie ha logrado nunca desentrañar el enigma de por qué son capaces de moverse. Por esa razón nos llaman: los errantes.
Lo único que sabemos es que, más allá de todo cuanto conocemos, más allá de los siete mares, de las altas montañas de hielo, y los imponentes glaciares, hay una isla eterna, donde el tiempo no pasa para ninguno de nosotros. Donde no hay vida; tampoco muerte.
Los barcos naufragados son arrastrados a sus costas por las corrientes, donde, no se sabe cómo, adquieren vida propia.
Una especie de… Voluntad. Algo que les hace salir a navegar por los tristes y desolados suelos de los azules mares, y después les lleva a retomar su camino, de vuelta a la Isla Etehrnita.

Tal vez me haya apresurado un poco en relatar acontecimientos, sin embargo, algo me dice que tiene que ser así.
Debes conocer el terreno antes de adentrarte en él. Por el momento, has de saber lo que te acabo de contar: que no somos vampiros, que  viajamos con nuestros barcos naufragados por las profundidades, y que nuestro puerto franco es una extraña isla eterna, alejada de todo cuanto conoces.

Y ahora, si me disculpas, sí que empezaré la historia por el principio.
Como debe ser.

sábado, 9 de octubre de 2010

El castillo de "La Patá"

¡HOLAAAAA! Vengo con una anécdota curiosilla sobre El castillo de la Patá. Primero, situarnos en el espacio y el tiempo. El castillo o, mejor dicho, las ruinas del castillo se sitúan en el Puig, a unos 12 km de Valencia capital, cojiendo la carretera de Barcelona (es decir, al Norte de Valencia...).  Está encima de una colina, por lo que allá por el siglo XI, en plena reconquista, los moros podían ver muy bien el terreno y tal.

Esta foto la tomé en verano, que fui de excursión con mi familia (veraneo muy cerquita, así que...). Son las vistas de lo que queda, prácticamente; sólo que restaurado y pintado.








En el siglo XI Jaume I el conquistador llega al Puig y se lo encuentra plagado de musulmanes. Como los moros sabían que su fortaleza iba a ser atacada y que, seguramente, iban a salir mal parados, se fueron del castillo, pero antes... Antes tapiaron el pozo para que los caballeros del rey y los caballos no pudieran beber y murieran deshidratados.
Total, que ahí que llega Jaime con su caballito y su pelotón. El caballo, sediento. Le mete una coz bestial al pocito y consiguen sacar agua y dar de beber.

Y por eso se llama el castillo de "la patá" por la "patá" que le dio el caballo al pozo para que saliese agua.

Y ahora os voy a dejar unas fotos de las vistas desde el castillo. Espero que os gusten. 




Esta soy yo en un trocito de muralla...





Esto... Pues las vistas del bosquecito seco que hay debajo. Se respira de maravilla, la verdad...







¿Qué decir de esto? Vistas del mar tras un bosque... Repito que se respiraba divinamente :D




Desde allí también se puede ver "EL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DEL PUIG", un monasterio que mandó construir Jaime I en 1240. Otro día pondré una entrada sobre él, que es maravilloso.




Estas son las escaleras que suben hasta la fortaleza.


En fin, el caminito... Que lleva hasta las escaleras que llevan a la fortaleza.



Y una vista ampliada del monasterio.
Repito que todo se puede ver desde la colina.



Con esto acabo. ¡BESINES!

jueves, 7 de octubre de 2010

Un par de relatitos cortitos

Hola, hola... He estado atareada con exámenes y demás durante la semana, y ahora me tomo la libertad de, en menos de diez minutos, colgar una chorradita para rellenar hueco...

Os dejo un par de relatitos muy cortitos:


Nada es eterno

Éramos amigos. Compañeros. Algo más. Sonreías, y yo sonreía contigo. Me mirabas, y yo me sumergía en tus ojos castaños. Pero te marchaste, y contigo se fue mi felicidad. Creía que eras eterno, y me he dado cuenta de que nada lo es. De que nada continúa igual… Porque tú te has ido, y ya no volverás.


Marea alta

Sube la marea, y con ella baja el sol. El viento aúlla y revolotea alrededor de mi persona, sentada en la playa, observando cómo la luna atraviesa la línea del horizonte. Suspiro, y oteo el cielo crepuscular con infinita nostalgia. Sé que ya nada volverá a ser como antes. Sé que todo está perdido, y sólo consigo castigarme al no borrarte de mis pensamientos. Tus ojos verdes… Tus ansias de vivir… Ya no volverán. Están muertas, porque tú has cambiado y los preferiste a ellos en vez de a mí. Te conozco, y aunque me pese... Aunque me duela… Debo decirte adiós. Adiós al velero que me llevó a tu puerto. Adiós al capitán que me dijo lo que sentías por mí.
Ya no queda nada. ¿O sí? Cada vez que te miro a los ojos siento que están vacíos. Pero antes parecían tan llenos… ¿Lo parecían? ¿O realmente estaban a rebosar de tu infinita ternura?
Hola, y adiós.  En eso se han convertido nuestras tardes de charla amena, sentados en la arena de la playa… Sintiendo el salitre golpear nuestras pieles ya morenas.
Y ahora, siento el crepúsculo de nuestro cariño en la orilla del mar.
Sube la marea, sí… Y esa marea alta acaba por llevarse lo poco que quedaba de mi amor por ti.
Adiós, mi vida… No perdonaré que tu barco vuelva a amarrar en mi corazón.


Son un par de chorraditas que espero que os gusten. ¡¡Xao bacalaoS!!

lunes, 4 de octubre de 2010

Premio...

Hola hola, caracola... Bueno, esto supongo que es una chorradita que a nadie le importa mucho, pero bueno... Mi encantadora y majosina amiga Momo, cuyo blog es Gnomos en la Biblioteca, me ha pasado un premio muy chachi piruleta, así que lo comparto con vosotros (MOMITOOO QUE ME HACE MUCHA ILU... eh... ¿¿se ha notado?? uy... se me ha oído...).
 LAS REGLAS DEL PREMIO:
1- Guarda la imagen y posteala en tu blog.
2- Pasa este premio a 10 bloggers.
3- Pon un link a los nominados.
4- Haz saber a los nominados que han recibido este premio comentando en sus blogs.
5- Comparte tu aprecio y pon un link al blog de la persona de la que recibiste este premio.

Lo siento, pero aún no sigo más de 5  blogs (poniendo cara de circunstancia, y sonrojándose...), pero los pongo aquí con todo el cariño del mundo:


1. Gnomos en la Biblioteca
4.Un montón de chorradas sobre ciencia
5. A través de los sueños.

Perdonad por los desperfectos; aún soy una blogera novata... Pero sí que me ha hecho muchísima ilusión recibir el premiecito (YUUUUUUPIIIIIII... Mantén la compostura... Mantén la compostura...).


¡Besitos!

domingo, 3 de octubre de 2010

El primer divorcio caro de la historia...

Bueno, pues vengo con información, ¡y con unas ganas locas de contarla! Veamos, ahora os voy a explicar un poquito cuál fue, sin duda, el origen de los divorcios y la separación de bienes...
Situémonos en la Inglaterra del s.XVI. Refresquemos la memoria, Inglaterra estaba formado por la isla de Gran Bretaña e Irlanda.

En estas fechas gobernaba el rey Enrique VIII, el cual es famoso porque tuvo varias mujeres...
Todo se remonta a la primera de ellas: Catalina, hija de los Reyes Católicos, quienes en un principio la casaron con el hermano mayor de Enrique pero, al morir este por una enfermedad, Enrique la desposó.
La susodicha Catalina tuvo dos varones que murieron al poco de nacer, y un aborto, antes de tener y criar a su única hija, María. Enrique quería un varón para que lo sucediera en el trono, ya que los ingleses estaban bastante "quemados" de la última vez que gobernó una mujer. Así que por su mente pasó el cortarle la cabeza a Caty, pero claro... No le podía cortar la cabeza a la queridísima hija de los reyes de España, que por aquél entoces tenían un bonito imperio montado y sería fácil entrar en guerra con ellos (y eso a Quique no le convenía, claro está...). Como la Iglesia Católica no aceptaba los divorcios (ni los sigue aceptando, a no ser que no sea un matrimonio válido etc... etc... no quiero entrar en ese tema ahora), pues se dijo:
 "Oye, ¿por qué no formar mi propia iglesia?" La llamó la Iglesia Anglicana (iglesia de los ingleses), y dijo que él era la única cabeza visible de la Iglesia de las tierras inglesas. 

Le dijo a Catalina que se quería divorciar, pero la muchachita le salió cara... ¡Tuvo que darle Irlanda como condición! La cuestión es que Enrique no tuvo descendencia masculina, María consiguió el trono, España: Irlanda. Y Catalina murió de viejecita...
Por esta razón (si no os habíais fijado os lo digo ahora), la sociedad irlandesa se parece mucho más a la Española (es decir, más abiertos, cálidos...), y en cambio a los ingleses no nos parecemos absolutamente nada.  ^^


A mí, personalmente, me parece que este es el origen de la separación de bienes XD, y de los divorcios.

Hasta prontito :D

sábado, 2 de octubre de 2010

Hace siglos también estaban en la luna de Valencia...

Os voy a contar una anécdota-leyenda sobre la Luna de Valencia.
Hace ya unos cuantos siglos, cuando las torres de Serrano aun delimitaban la ciudad de Valencia, las parejitas de enamorados se quedaban por las noches a ver la luna anaranjada bajo el cielo estrellado.

Toda esa carretera, como podéis ver bien en la foto, no estaba asfaltada (qué lista soy...), y por alrededor de Valencia habian campos y caminos que llevaban a otras ciudades y pueblos. La cuestión es la siguiente: las parejitas salían fuera de las murallas a contemplar la luna anaranjada...
La leyenda popular dice que era tan hermosa que los jóvenes perdían la noción del tiempo y se quedaban encerrados fuera, pero todos sabemos porqué no volvían a tiempo a pasar la muralla... Total, que cuando cerraban la puerta de las torres por la noche, la gente se quedaba fuera a observar la luna. 
Qué bonita tenía que ser para que tanta gente se quedara fuera... Lo cierto es que, atendiendo a razones, debo decir que es preciosa... Es algo digno de contemplar, y no en una simple fotografía, sino en vivo y en directo... Sale muy pocas veces, normalmente suele ser por las fechas de los equinocios y solsticios... Cuando el sol se pone y el cielo empieza a oscurecer ya bastante, se ve una gran bola naranja en el horizonte, erguida a lo lejos y reflejada en las aguas mediterraneas... Es digno de contemplar.

Un castillo que anda... ¡Anda!

¡Hola a todos! Os traigo la primera reseña del blog. Seguramente penséis que voy a hablar del último libro que me he leído, tal vez de estos tan "interesantes" que se han puesto hace poco de moda. ¡Pues no! Personalmente, esta moda de vampiros em... como lo diría... que se pueden dejar en exposición a la luz del sol, no me va nada.
Os traigo un resumencillo de EL CASTILLO AMBULANTE, una novelita de fantasía que me encantó nada más leerla.
Sinceramente, no es que la escritora sea un autentico hacha a la hora de la narración, sin embargo puede conseguir que te quedes embobado mientras pasas las páginas de sus libros. 



TÍTULO: El Castillo Ambulante
TÍTULO ORIGINAL: Howl's moving castle
GÉNERO: Fantasía "surrealista"
AUTORA: Diana Wyne Jones
AÑO DE PUBLICACIÓN: 1986
Nº DE PÁGINAS: 344
TRADUCTOR: David Cruz Acevedo
EDITORIAL: Berenice
ARGUMENTO: En el fántastico país de Ingary, Sophie Hatter, la mayor de tres hermanas, se ve obligada a quedarse con la tienda de su padre cuando él muere. Al no haber suficientes igresos, la mediana debe irse a vivir con una maga, mientras que la pequeña tiene que aprender el oficio de panadera.
Sophie siempre ha creído que la suerte no la acompañaba, no se cree guapa y tampoco muy lista. Pero su suerte cambia cuando la bruja del páramo la convierte en anciana a causa de un hechizo. Entonces, Sophie acude al castillo Ambulante del gran mago Howl, un apuesto mago que tiene fama de comer los corazones de las jóvenes hermosas.
Sophie corre una serie de aventuras mágicas y hermosas hasta que la historia desenlaza.

OPINIÓN PERSONAL: Es un libro fácil de leer; la gente a la que le guste la fantasía lo puede considerar muy entretenido y digno de tenerlo en la estantería pues, aunque no lo parezca, Wyne Jones crea un ambiente idóneo para dicha aventura, los personajes están muy bien elaborados y, cómo no, es una historia maravillosamente tejida, como si de un telar se tratase. 


DETALLES ADICIONALES: Hayao Miyazaki, ganador de un Oscar por EL VIAJE DE CHIHIRO, tiene su propia versión de EL CASTILLO AMBULANTE, la cual fue nominada al Oscar en el 2006. La banda sonora es maravillosa, así que, aunque no queráis ver la película antes del libro (lo que me pasa a mí, porque le quita la intriga), os animo a ponerla en youtube, porque es una melodía que crea un ambiente tan irreal y mágico que se podría considerar una auténtica obra maestra y, no sólo la banda sonora de la película, sino de la historia en sí.
Os dejo el link de youtube:
http://www.youtube.com/watch?v=SBnN-eijUIg&feature=PlayList&p=453C7BFB907454D9&index=0&playnext=1
El libro tiene dos continuaciones: EL CASTILLO EN EL AIRE, que no es sino un libro ambientado en Ingari, aunque con los principales personajes de "EL CASTILLO",  que aparecen como secundarios (como mucho); y HOUSE OF MANY WAYS, que aun no ha salido en español, y estoy esperando a que la librería me lo traiga en ingles... Pero, según dicen, parece más la continuación del castillo ambulante.




Seguiré escribiendo, un saludito ^^

jueves, 30 de septiembre de 2010

El espíritu del bosque

 Voy a poner el primer relato. La verdad es que lo escribí para el juego de un foro, y ahora lo subo aquí. Espero que os guste:


Sumergirse entre las sombras de un bosque puede llevar más de lo esperado. Tal vez porque es tan profundo como un sentimiento; tan grande como una pasión… Tan irreal como un sueño. Sí… El bosque es extraño. Asombroso. Complejo.
Uno no puede desentrañar su secreto así, sin más. Debe descubrirlo poco a poco; quedar interno entre las hojas. Dejarse llevar por el aroma de la  hierba… Por el sonido del agua galopar. Escuchar el clamor de los pajarillos… Y con eso, de lo único de lo que será capaz es de asimilar que vive entre las ramas de una condena.
Porque, bien pensado, descubrir ese secreto conlleva cierta responsabilidad. ¿O no? ¿Dejarías que se desperdiciara? Aquellos que lo conocemos debemos protegerlo, evitar que caiga en manos que no sabrían apreciarlo.
De pequeña pasaba todas las tardes bajo la sombra de un bonito roble. Saboreaba el aroma de los arbolillos; el gusto del agua del riachuelo.
Tal vez me embelesara demasiado con el tintineo de las golondrinas al decirme que era hora de regresar… Nunca quería marcharme de mi paraíso. Del Edén.
Pero siempre, la línea del horizonte limitaba mi línea de sombra, a la que tenía que volver cuando el sol se escondía y la luna asomaba la nariz.
Y al volver a casa, me sentaba frente al piano y tocaba tristes notas que me salían desde lo más profundo del corazón. Porque estaba triste. Porque el bosque lo era todo para mí.
Había sido mi amparo. Mi consuelo. Tal vez el pañuelito en el que sequé mis lágrimas.
¿Por qué? Pues, si tienes un momento, te lo explicaré.
Todo comenzó una fría mañana de noviembre. El viento silbaba con fuerza, y mecía con su canto a las hojas secas y desprendidas de los árboles adormilados. Se acercaba el invierno. Y todo eran hielo y brumas.
Salí corriendo del colegio. No quería toparme con aquél descortés niño que me había estirado del pelo… Magullado las rodillas y retorcido el brazo.
Yo lloraba hasta más no poder. Me sentía desamparada. Desprotegida.
No podía volver a casa por el mismo camino. Esteban me seguiría, estaba segura. Me haría el trayecto imposible… Sólo había una forma de escapar a sus malos tratos.
Cogería el camino del bosque. Era un poco más largo, y no lo había seguido nunca. La gente decía que estaba embrujado. Que, una vez, a un joven se le apareció la silueta de una mujer y, a la siguiente visita, desapareció.
Pero no me daba miedo; al contrario: sentía fascinación. Así que me adentré. Crucé la línea que separaba mi vida de una irrealidad.
Al principio, tal vez tuve miedo. Me abrazaba a mis propios brazos, e intentaba que el cabello pelirrojo me tapase la cara para darme calor. Después, me solté de mis propias extremidades para agarrar la bandolera negra que colgaba de mi hombro derecho. Sabía que sólo bastaba con seguir en camino de piedra. Así que, me limité a hacerlo como una buena niña.
Llegué a un puente. Me asomé, y olí el buen aroma del agua fresca. Pura. Recuerdo que inspiré hondo, y que luego miré hacia mi derecha. Mis manos seguían apoyadas en la barandilla de madera del puente, pero no dudé en echar un vistazo a lo que tenía a mi lado.
Era una silueta. Una sombra de cabellos alborotados que volaba hacia mí. Me asusté, no lo niego; en cambio, no retrocedí. Mantuve la vista fija en la mujer.
-¿Quién eres?- Me atreví a preguntar, y la mujer contestó:
-Soy el río que corre bajo tus pies. La madera que pisas. Los árboles con los que sueñas mientras los miras desde tu ventana. Soy tú. Soy el aire que respiras, las flores que olfateas…
-No comprendo.
-¿No comprendes? Sólo yo puedo dar la vida, y luego robarla. Sin mí, nada seguiría existiendo. Soy la naturaleza en sí, pequeña Petra. Yo soy la vida.
-Eres… ¿Un fantasma?
-Soy el fantasma de la historia, la guardiana del presente. Proveedora del futuro. Pero hay gente que no lo comprende. En verdad, pocos lo hacen, y por eso reservo un hueco para ellos, aquí, donde los humanos tenéis el corazón. Yo soy la casa de todos aquellos que piensan que soy realmente yo. Si no lo saben, sus almas están condenadas.
Y ya no habló. Me quedé expectante, a la deriva en un océano de sensaciones y emociones a los que no podía dar descanso.
Suspiré, y bajé del puente.
Allí, el agua galopaba, indomable, entre su cauce. Me acerqué al lecho del río, y me senté. Ya no me importaba nada. Había encontrado consuelo. Amparo.
Había encontrado al espíritu del bosque. A la naturaleza.
Y así, los días siguieron transcurriendo.
Aún hoy sigo sentada bajo el puente, recostada entre las rocas y los junquillos, mientras sostengo un libro entre las manos. Es mi sitio privado. Un área en la que sólo puedo entrar yo, porque soy la única que conoce el secreto.
Y, de pronto, oigo pasos. Me asusto. ¿Se habrá atrevido a entrar alguien al bosque? Ni siquiera mis padres saben lo que hago por las tardes. Jamás me dejarían volver a salir sola si descubriesen que vengo aquí.
Por eso me sorprendo bastante al comprobar que la personilla viste mi mismo uniforme. Agacha la cabeza, y lo retrocedo.
-Hola.-Saluda él. ¿Qué diantres está haciendo ÉL aquí? No debería haber entrado. El bosque ya no es seguro para mí. Nadie se atrevería jamás a realizar tal proeza, entonces… ¿Por qué lo ha hecho?
-¿Qué haces aquí, Esteban?-Le digo yo, desdeñosa.
-He venido a verte.
-¿A… verme? Significa eso que…
-…Que, desde preescolar, sé que vienes a este sitio. Y no alcanzo a comprender por qué.
-Vengo en busca de refugio. De soledad.-Susurro, pero él no se da por aludido, baja del puente, y se sienta a mi lado.
-Fue por mi culpa. Por eso la chica más guapa de la clase es una completa antisocial, ¿no?
-Qué más te da.
Pero él se pone serio, y me mira con sus ojos marrones como si fuese la primera vez. Ahora me asusto de veras, y quedo algo intimidada.
-Petra, yo… Quisiera saber por qué te refugias aquí. Las chicas de nuestra edad suelen ir con sus amigas, contarse cosas… Pero tú, tú… Eres diferente. Y quisiera saber tu secreto.
-No lo entenderías.
-Puedo intentarlo.
-Será inútil.
-Nada es inútil cuando el esfuerzo no es en vano, sino por una buena causa.
Así que callo, y pienso en aquél chiquillo que me estiraba de las coletas. Reconozco que ha cambiado. Que ahora es un muchacho de quince años bien parecido, que nunca se ha vuelto a meter conmigo, y que ahora me mira con desesperación. ¿Seré capaz? ¿Capaz de enseñar a amar a mi enemigo?
-Tal vez te ayude.-Respondo.-Pero tienes que prometerme que nunca dejarás de luchar por su causa.-Y me callo, para no volver a hablar. Sopla el viento, atardece. Y los dos nos quedamos contemplando el crepúsculo. El crepúsculo del día, del cielo; de su vida. Y su nuevo amanecer.