martes, 12 de abril de 2011

Uno sobre internet ^^

¡Hola! Hoy, mi antigua profesora de lengua me ha recordado que, el curso pasado, escribí un relato sobre redes sociales... Lo subí a principios de verano a Rocavarancolia, pero dado que tengo blog... Me hace ilusión colgarlo aquí. Se titula CAMPOS DE MAYO, y es un relatito que ocupa unas 20 páginas... No es muy largo, por lo que la narración es rápida, y también me gustaría que tuvierais en cuenta que es una historia que escribí ya hace un año, y que en un año una persona puede mejorar (un poquito por lo menos, jaja).
Lo iré colgando a capítulos.


PRÓLOGO
Los campos en mayo
Piensa.
Sumérgete en un día de mayo cualquiera. Mira más allá, y descubrirás que las rosas están rojizas; que los árboles susurran sus secretos más profundos, y que el agua galopa entra mil y un senderos pedregosos, hasta desembocar en el mar, que comienza a percibir el calor de la llegada del verano.
Aunque claro, todavía estamos en primavera.
¿Qué sientes cuando te sumerges en ese paisaje? ¿Paz y harmonía? Es lo que suele latir en los corazones de la gente que vive su magia. Y lo que, tal vez, sientas tú.
Y eso tiene una explicación.
He estado dándole vueltas, vueltas y más vueltas. Creo que sé por qué produce esa sensación de asfixiante melancolía. Si tienes unos minutos, te lo contaré:

Tal vez sepas cómo se llamaban las reuniones que el emperador Carlomagno realizaba todos los años. Si no lo sabías, te lo diré: se llamaban campos de mayo, y se llamaban así porque él se reunía todos los meses de mayo con obispos y mandados por todo su imperio para poner en orden los asuntos del gobierno. Pero… ¿Sabes por qué se reunían siempre en mayo?
Seguramente comenzarás a cavilar sobre las posibles hipótesis. Puede que a Carlomagno le gustase ese mes, o tal vez porque, más o menos, estaba a mitad de año.
Pues yo creo que era porque Carlomagno había sentido la magia de este mes. Sabía que era un buen momento para poner en orden su imperio, al igual que la naturaleza pone en orden a la vida.

Por eso el campo y los bosques están tan bellos en esa época del año. La vida vuelve a reunirse después de mucho tiempo, y retoma la continua monotonía. Los osos entran en contacto con la hierba. El agua chapotea, juguetona, entre las piedras de su cauce… Es magnífico sentir que todo vuelve a entrelazar nudos, al igual que es bonito volver a ver a unos amantes encontrarse tras tan larga espera.

Es bonito saber que alguien espera encontrarte en un mismo sitio cada año.
Es hermoso encontrase con él cuando sabes que te quiere.
Al menos, hasta que dura. Y llega un día en el que no vuelves a verlo, y te das cuenta de que todo era un cuento de hadas y de que, en realidad, tu Príncipe Azul no es más que un Don Nadie estúpido que te utiliza como un jueguecito absurdo.

Y entonces es cuando yo lloro.

Perdóname. Hablo y hablo como si supieras de qué lo hago. Ni siquiera me he parado a pensar que, tal vez, ni te interese lo que digo. Pero te interesará, ya lo verás.
Para empezar, te diré que me llamo Adriana. Ah, y vivo en el campo. Tal vez sea por eso por lo que me fascina tanto mayo. Puede que tú, si vives en la ciudad, no tengas ni idea de lo que hablo, en cambio, si eres como yo, seguro que te habrás dado cuenda de la fusión de vida que se da en esa época del año.

Pero todo esto no viene solo por eso. El caso es que estoy enfadada con alguien a quien consideraba muy especial, y he descubierto que yo no lo soy tanto para él.
Todo empezó cuando teníamos los dos ocho años. Él había venido a pasar el fin de semana a mi pequeño pueblo, alejado de la ciudad y del mundo urbano. Incluso yo, que ya lo tengo muy visto, pienso que es una villa encantadora. Todas las casas son de piedra gruesa y sin pulir. Para ir de un lugar a otro tienes que perderte entre sus pequeñas callejuelas, que bajan por la montaña hasta el claro de un riachuelo. Y lo más hermoso de todo, es que el pueblo, que rodea una pequeña montañita, está vallado por un anillo de espeso bosque, verde, vivo y fresco. Y a ese bosque lo delimita el riachuelo, y separa el pueblo y el bosque de un campo de hierba fresca, donde crecen tulipanes salvajes.

Yo solía bajar al campo de tulipanes para juguetear entre los pocos árboles que había; me subía por ellos y pretendía hacer de princesa en apuros, y que un Príncipe Azul imaginario me rescataba del malvado Don Rufián, que era un conde malísimo que me apresaba en lo alto de su torre.

Bueno… El caso es que Enrique bajó al campo de tulipanes un día de esos en que yo me encontraba encima de la copa de un árbol. Me preguntó si podía jugar conmigo, y yo le contesté que sí, pero que tenía que subir al árbol y bajarme en brazos, como lo hubiese hecho un verdadero príncipe.
¿Qué crees que pasó? Por supuesto, que nos caímos de la torre. Se ve que el príncipe heredero no tenía tanta fuerza, destreza y, sobre todo, edad, para rescatar a una doncella del castillo de un perverso conde, y luego cogerla en volandas para saltar con ella desde lo alto, y no hacerse ni un rasguño.
Cómo no, él cayó encima de mí y me aplastó el brazo. No magullamos las rodillas y las palmas de las manos, pero en vez de llorar, reímos. Fue una risa tan natural como la de unos niños que acaban de conocerse, pero parece que hayan vivido juntos toda una vida.
Poco a poco, empezamos a congeniar. Jugábamos y hablábamos hasta caer rendidos. Y, cuando él se marchó, nos prometimos que el primer día de mayo nos esperaríamos siempre en el mismo árbol.

Han pasado ocho años más, y hasta ahora siempre hemos cumplido nuestra promesa. Hasta ahora todo había ido bien, incluso me había hecho ilusiones... Pero, claro, siempre hay algo que se tuerce cuando menos te lo esperas.

lunes, 28 de marzo de 2011

There be Dragons

Buenas, gentecilla. No sabía qué reseñar ahora (en realidad estaba haciendo una entrada sobre un libro, pero...), hasta que hoy por la tarde, las profesoras nos han llevado a ver (a toda la secundaria de mi colegio) "ENCONTRARÁS DRAGONES" al cine. Me parece bien dar mi punto de vista sobre la película:



TÍTULO: Encontrarás Dragones
TÍTULO ORIGINAL: There be dragons
AÑO: 2011
Color, histórica.
ARGUMENTO:
Encontrarás Dragones se centra en la investigación de Roberto Torres, un periodista que está escribiendo sobre una serie de acontecimientos que sucedieron durante la Guerra Civil Española, y que tuvieron como protagonistas a su propio padre y a un sacerdote llamado José María Escrivá (fundador del "Opus Dei").
A través del relato de su padre, Roberto va a descubrir todos los secretos que guardaba su padre; una historia de traición, celos y muerte, pero también de redención y perdón, con el escenario de la crueldad de la guerra.


OPINIÓN PERSONAL: Bueno, aquí es donde me voy a explayar. Es una película un pelín... peculiar. El tema de que un santo sea uno de los dos protagonistas puede parecer, de primeras, aburrido. Y lo cierto es que es una película extremadamente lenta, aunque tiene bastantes toques muy violentos que te hacen vivir a ti mismo la guerra en primera persona. En cambio, aunque sea lenta no tiene por qué ser una película mala. Es más, a mí me ha gustado muchísimo. Tiene unos valores increíblemente buenos, y te hace reflexionar. A demás, el contexto histórico está perfectamente logrado; el film te hace ver la Guerra Civil Española desde el punto de vista nacionalista y republicano, pues uno de los protagonistas está dentro del bando republicano y el otro es un sacerdote que intenta huir de la masacre de curas que se dio en Madrid por esa época. Otro detalle a destacar es que el principio y el final están LOGRADÍSIMOS (a mí se me ha puesto el vello de punta en ambos), y termino diciendo que es una película que sería gracioso verla, no lo digo porque sea de acción trepidante o de grandes amoríos, o de una trama super compleja... es simplemente porque los valores son muy buenos, y el contexto histórico es la caña. 


¡Hasta más ver!

martes, 15 de marzo de 2011

La Inspiración Enajulada: Páramos Silenciosos

Buenos días, gente. Hoy tengo preparada la primera publicación "en serio" de la Inspiración Enjaulada (LIE): Páramos Silenciosos. Los escritores, en esta ocasión, somos:

-Guillermo Alejandro Palacios Velasco
-Francisco Ruiz Portero
-Sofía Mas Conejero
-Carlos Sánchez Baos
-Andreas S. Calero
-Pablo Iglesias González
-Diego Jareño Torrente

El diseño ha corrido a cargo de Andreas, como la anterior edición. Y nada más, aquí os dejo

viernes, 11 de marzo de 2011

Finisterre

Muy buenas, pues hoy vengo con una especie de "relato a dúo" que estoy escribiendo con una amiga. La historia la tenemos ya pensada, y el prólogo lo pongo yo. A ver qué os parece...


FINISTERRE
En la costa noroeste de Hispania reinaba la paz. Los acantilados gallegos, oscuros, alzaban sus aguas bravías hacia los cielos, pero nunca los alcanzaban. Hacía frío. El viento silbaba en los oídos de aquel muchacho; un joven que había recorrido caminos tenebrosos y valles de dudable seguridad para poder llegar hasta allí. Hasta el final. Hasta el inicio del Hades. Fin de la Tierra. Finisterre.
El chico dejó su único fardo en el suelo y, acto seguido, avanzó unos cuantos metros al paso marcado por su bastón.
Se quitó la capucha. Respiró hondo y, mientras echaba un último vistazo a las costas de Gallaecia, se preguntó si sería verdad aquello que le dijo Susanna hace… hace… Bah. ¿Qué importaba el tiempo? 
“Cuando veas una estrella fugaz, seré yo… Será mi alma la que danza libre por el cielo, contemplando desde lo alto el recorrido de cada vida que pasa. Será un beso. El suspiro que no pudo brotar de mi garganta en los tiempos en que vagabundeabas con el laúd al cinto en lugar de espada. Será aquella vez, la primera que sentimos nuestras miradas escarbar en lo profundo de nuestra memoria. Será mi aliento. Será el sabor dulce de nuestros labios. Será un recuerdo que, tal vez, te haga recordar lo que vivimos.”
Habían pasado siete años desde que lloró por última vez . Pero ésa… Ésa sería la definitiva. Fue una lágrima. Una única gota la que el juglar derramó aquella silenciosa noche de diciembre. Y después, nada. 
Alzó la vista al cielo. Suspiró. Quiso decir tantas cosas… Hablar, de nuevo, de corazón a corazón con Susanna. Volver a cantar con ella. Abrazarla. Sentir el aliento de su amada en la nuca… Volver a besarla.
-¿POR QUÉ?-Gritó él.- ¿POR QUÉ ME LA ROBASTE?
Era el fin del camino. 
-Finis terre.-Susurró.
Pero antes de concluir con su viaje, se sentó en una roca y, contemplando la luna reflejarse en las aguas del Atlántico, sacó de su bolsa un pequeño librillo encuadernado en cuero. Suspiró y, abriendo sus ojos verdes y hermosos, comenzó a escribir: 
Vago por caminos perdidos. Sin destino fijo. Sin lugar donde caer. Como única compañía, el laúd viejo y gastado y las piedrecillas del valle oscuro. El cielo como techo. La luna como antorcha. Y el viento, cántico de libertad, intenta dar con la forma de que entre en razón. Pero, ¿cómo voy a descansar? ¿No es la vida que he elegido? ¿La que me ha tocado vivir? Un sueño hecho de carne. De piedras y horizontes que no encuentran final. No tengo frontera. Sólo un estribillo, y una melodía palpitante en mi corazón aventurero. El camino me llama. En el horizonte, el sol anuncia la llegada de un nuevo día. De un nuevo despertar. Y con él, entro de lleno en la aventura que tengo por delante.

lunes, 7 de marzo de 2011

Las Golondrinas

Con este relato gané (o, mejor dicho, quedé casi empatada xD) un concurso-juego no muy importante (aunque todo lo relacionado con ganar concursillos, ejem... es importante xDDD) en el foro de Rocavarancolia, y me acabo de dar cuenta de que no lo he subido al blog, así que... Aquí está. Espero que os guste.


Las golondrinas vuelan. Las golondrinas se van. Las golondrinas retornan a sus nidos, al igual los niños que juegan en el parque. El ocaso cae en la ciudad, y lo recubre todo con su manto rojizo y cálido.
Se acerca el fin. El día termina y da paso a las sombras de la noche.
Las golondrinas se dispersan y, en un banco del parque, rincón recóndito, yo sigo sumergida en mis pensamientos, bajo el influjo de una suave melodía y el juego de colores del cielo.
Ojalá fuera como las golondrinas… Quisiera volar más allá de las nubes, donde la única realidad que existe es la fantasía... los sueños y las ilusiones. Ansío desplegar las alas y escapar del mundo; quiero ir más allá de esta fugaz existencia, donde nacemos para morir, y morimos para ser polvo.
Libertad es lo que anhelo, y tal vez un lugar para ser realmente feliz.
Pero ya es demasiado tarde para pensar en eso. El sonoro grito de mi madre me devuelve a la realidad. Dejo atrás mis ensoñaciones para plantarle cara al mundo que me vio nacer, que me ve soñar, y me verá morir.
Me levanto de mi asiento y me quito los cascos. Pero antes de entrar en casa, miro al cielo anaranjado, y suspiro. Las golondrinas se han marchado. Y con ellas los delirios de la tarde. Se marcha la melancolía, zarpan mis ensoñaciones. También se van los reflejos del sol, y surgen las negruras. Atisbo la oscuridad, y dirijo al cielo una afirmación para que se la lleve entre la brisa:
-Las golondrinas vuelan. Las golondrinas se van. Las golondrinas marcharon… Y ya no están.






martes, 1 de marzo de 2011

A Soltarse la Melena

Hola, por la cuenta que me trae, inauguro esta nueva sección del blog dedicada a películas en general.


Y es que no podía aguantarme el hablar de una película que he visto hace poco y que me ha inspirado de nuevo (¡¡puedo volver a escribir!! ¡¡y a pensar historias fantásticas!!). Os sonará muchísimo, ya que están haciendo una campaña publicitaria bestial, pero aun así, creedme cuando os digo que merece la pena.
Hablo de...


TÍTULO: Enredados
AÑO: 2011
TIPO...:Dibujos animados
ARGUMENTO (de cosecha propia): Esta es la historia de Rapunzel. Ya sabéis, esa chica encerrada en una torre por una bruja que se hace pasar por su madre, y que tiene una melena tan larga que se puede trepar por ella. Pero esta vez, Disney le ha dado un giro al típico argumento de historia de príncipes y princesas, pues ha creado a un "príncipe" un tanto peculiar. Una vez hecha la presentación de los hechos, empiezo:
Rapunzel es la hija de los reyes del reino, pero fue secuestrada por su actual "madre" cuando era un bebé. ¿Por qué? Porque la reina cayó enferma y, para poder curarla, hicieron que bebiera el poder de una flor que tenía la capacidad de rejuvenecer y sanar, y el bebé nació con ese don. Cuando cantaban una canción, el pelo le brillaba y podía curar, pero si se le cortaba la cabellera, perdía su poder. Así que la bruja la secuestra y la mantiene prisionera en la torre hasta sus 18 años, cuando Rapunzel le pide que le lleve a ver un espectáculo que se celebra en el reino cada año, en el día de su cumpleaños, para que, con suerte, la princesita desaparecida lo vea y regrese. La bruja, cómo no, se lo impide, pero se da el caso de que sale tres días de viaje y Rapunzel se queda sola. Conoce a un bandolero perseguido por la guardia real, el cual le va a guiar su primer día fuera de la torre.


OPINIÓN PERSONAL:
Sencillamente, maravillosa. Un magnífico renacer de Disney. Es una historia que no se aleja de los clásicos -princesa, bruja, reino mágico, y amor-, y, al mismo tiempo, se lava la imagen completamente. Me pareció muy ingeniosa la idea de poner a un ladrón como "chico de la película".
En cuanto a los paisajes y el contexto… Una maravilla. Los creadores han sabido adaptar esos sueños de mundos fantásticos a la gran pantalla, lo cual es toda una proeza… La banda sonora, pues típica Disney. Canciones románticas y alguna que otra melodía interesante. 

CURIOSIDADES:
Los animadores de Disney tuvieron que crear un programa nuevo para poder hacer la cabellera de Rapunzel, ya que jamás en la historia un personaje había tenido tal mata de pelo (en el antiguo programa se le quedaba erizado y a lo "Madagascar", es decir, como un erizo).


sábado, 19 de febrero de 2011

La Noche

Mira. Observa la noche. Es hermosa, ¿no crees? Siempre ha tenido algo especial… Inquietante. Tétrico. Pero a la vez imponente y majestuoso. Las estrellas nos observan; son los luceros que velan por nosotros las horas de tinieblas. Son las almas bondadosas que se quedan para vigilar al mundo, que duerme entre pesadas sombras que atentan contra la cordura y la coherencia.
Porque, cuando es de noche, nadie sabe lo que puede ocurrir. Los fantasmas del pasado surcan tu mente mientras intentas descansar. Tal vez te hablan. Consuelan tu llanto por haberlos perdido. Te acarician y nublan la mente con comentarios que despojan a uno del mínimo resquicio de racionalidad que queda en tu cerebro.
Hay veces que te hace vivir un dulce paseo a caballo con tu príncipe azul. Ya sabéis, chicas: ese joven alto, fuerte y galante, que nos rescata de nuestro cuarto siempre que nuestros padres nos encierran en él para que estudiemos o, simplemente, con el fin de que no estemos pululando por la casa. 
De vez en cuando, la noche nos asalta con horribles pesadillas que nos dejan: sin aliento, y con un sudor frío al que hace recorrer tu cuerpo entumecido.
Pero no nos engañemos. Es la noche la que nos hace vivir esos irrefrenables pensamientos. Esos horrores, esos deseos… No son realidad. Es la noche quien mata a nuestra razón. En cuanto atardece, le toca el turno a la fantasía. La autenticidad le pasa el relevo a la irrealidad, que nos arropa y nos consuela; que nos hace ver que nada está perdido, y que tiene una alternativa contra la vida cotidiana.
La noche significa escapada… Ensoñación. Por eso, cada vez que me acerco a la ventana a mirar las estrellas, les pregunto algo que nunca está de más:
-¿Necesitaré hoy que me amparéis? ¿Vendrán las sombras a acecharme? ¿O tal vez mi apuesto galán? No, no me respondáis… Iré a dormir y lo comprobaré por mí misma.

domingo, 13 de febrero de 2011

Antígona

Hola a todos. Hoy vengo con un trabajo que hice para clase. Teníamos que escribir una tragedia en el que la protagonista se llamara Antígona (sí, mientras dábamos a Sófocles), así que, aquí está:

LA NIEBLA

La vida pasa. Pasa y no se detiene. Sin pensarlo siquiera, se aprovecha de cada rincón sin utilizar y lo convierte en un recuerdo vacío… Lo lleva a la casa del olvido, donde reposa ya por toda la eternidad. Sume a la persona en un extraño letargo y, tal como vino, se va.
La vida es extraña. Es compleja y especial; más, incluso, que un triste suspiro de desesperanza al comprobar que, tu mejor amigo,  sigue tendido en una camilla desde hace tres días y medio.
Desde la puerta de la habitación, apagada y difusa, sólo puedo ver con claridad su rostro mortecino y blanco. Parece que una gran niebla lo envuelva, esperando a que me atreva a entrar para acariciar su gesto dormido y que, tal vez nunca más, vuelva a ver despierto. Pero no puedo. Sé lo que pasará si me siento a su lado una vez más: que esa niebla no me dejará marchar. Que sentiré su presencia, tan poderosa como la primera vez que nos dirigimos la palabra. ¿Podré soportar no poder ver sus irises castaños? ¿Qué no logre sonreírme? No lo sé. No lo sé…
Vuelvo a dirigir la vista hacia la cama, donde descansa el cuerpo de mi amigo más íntimo. Tal vez el de mi alma gemela. Suspiro y, no muy decidida, doy un paso al frente. La habitación huele a hospital: a productos de limpieza mezclados con el olor de la incertidumbre.
Es que está tan pálido… Su cuerpo inerte descansa tapado bajo las sábanas blancas. Su respiración es débil. Sus párpados, pesados.
Me entran ganas de llorar, pero me contengo. ¿Cómo es posible que hace menos de cuatro días estuviese hablando con él por teléfono? ¿Qué estuviese llamándole tonto en broma? Cada vez que lo pienso se me revuelve el estómago, la cabeza me da una sacudida, y tengo que sentarme para no caerme.
Y así lo hago, pero en vez de en una silla, me apoyo en la camilla de mi amigo. Ahora que estoy aquí, recuerdo el último día que pasó conmigo. Y mientras acaricio su cabello con infinita ternura, empiezo a decirle:
-¿Te acuerdas del sábado? Fuimos al cine a ver esa película que tanto te gusta. Comimos palomitas, y tú me sermoneaste sobre lo que te dije de dejar de leer a Golding… ¿No lo recuerdas? ¿Daniel?
Pero no responde. Sigue lívido; su gesto no ha cambiado. En este instante me pregunto cuánto tiempo voy a soportar el no hablar con él. El no abrazarlo con todas mis fuerzas… Y luego darle un tierno beso en la mejilla. Entonces él se reía y me revolvía el pelo. Yo me apartaba y le gritaba que era tonto.
-No lo eres.-Le susurro al oído.- No eres ningún tonto. Eres el mejor amigo que he podido tener… Eres divertido y muy inteligente…  Dani, por el amor de Dios, te tienes que despertar.
Nada. Las lágrimas afloran desde el fondo de mi ser, y caen a raudales por mis mejillas enrojecidas.
-No tienes derecho a quedarte todo el día ahí tumbado. Vas a perderte clases, y las bromas de Marta y Edu… Te prometo que dejaré de llamarte tonto, y que cuando me hables del Señor de las Moscas no pondré caras raras… ¡Pero tienes que despertarte! No me dejes como Antígona, sola en este mundo cruel. Asesinada a sangre fría por querer cuidar del alma de su hermano. Porque, para mí, tú eres como un hermano… Y te voy a querer siempre. Siempre…
Y lloro. Lloro con desesperación; por culpa de la nostalgia. Porque lo echo tanto de menos…
-Solías llamarme Antígona… ¿Lo recuerdas? Y yo a ti Jack Merridew. Eso no lo tolerabas, y me decías que algún día acabaría como ella.-Suspiro, dejando paso a un pequeño silencio.- No podías saber cuánta razón tenías; pobrecito mío…
Me abrazo a su cuerpo delgado y consumido, y le doy un sonoro beso en la mejilla. Me quedo así un rato, quieta y en silencio, hasta que el médico entra en la habitación.
-¿Eres la hermana?-Pregunta éste, y yo asiento mientras me separo de Daniel. Tal vez no lo sea de sangre, pero lo siento parte de mí… Bueno, en realidad no. Cada vez noto más débil ese lazo que nos unía… Ahora siento que él ya no está aquí. Está mucho más lejos, donde no puede oír mi llamada… Ni la escuchará nunca más.
Él sonríe mientras le cambia el gotero.
-¿Has tenido tiempo para despedirte?
¿Despedirme? ¿De qué está hablando? ¿Cómo voy a despedirme de él? Aún tiene que cumplir su sueño de publicar una gran novela. ¡De leer todos los libros del mundo!
-¿Despedirme? No… No comprendo.
-El chico está muy mal. No creo que aguante hasta mañana…
Me quedo en silencio, sobrecogida por el espanto de perder a mi alma gemela.
-No es cierto… No lo es…
-Lo siento mucho, pequeña. Vuestros padres están en la sala de espera… ¿Quieres ir?
-NO. ¡QUIERO QUE ME DEVUELVAN A MI HERMANO!
-Tranquilízate…
-¡No quiero tranquilizarme! Yo…- Aun no sé lo que me impulsa a hacer eso, pero salgo corriendo por la puerta y cruzo el pasillo a toda prisa. Bajo las escaleras, topándome con mi tía, que me esperaba fuera, fumándose un cigarro.
-Mar, ¿qué sucede?
-¡No me llamo Mar! Me llamo Antígona.
Y corro por la ciudad como alma que lleva el Diablo. Paso así por las aceras, por las calles y caminos, mientras pienso unas duras palabras que me carcomen por dentro:
-Yo no debo estar aquí. Tendría que estar muerta. Tendría que haber perecido junto a mis padres en aquel accidente de avión. Tendría que haber muerto con Dani el sábado, cuando lo atropelló aquella odiosa moto…
Así, confusa y aturdida, no me doy cuenta de que camino por en medio de una calle. La niebla no deja visibilidad, así que sólo paro de correr cuando me encuentro, cara a cara, con el espejo de la muerte.

Pasan cinco días; cinco días de angustia y pena. Cinco días de dolor. Cinco días de pérdida. Daniel abre los párpados y, ante la atenta mirada de su familia, susurra:
-¿Y Antígona?
Su madre se queda perpleja. Los médicos no dan crédito.
-¿Quién es Antígona, hijo?
-Antígona… Mar, Antígona…
La madre se acerca al doctor, y le comenta en voz muy baja:
-¿Cómo le digo que su amiga está muerta? ¿Que la atropelló un camión a la salida del hospital?
El médico niega, y dice:
-Pronto te reunirás con ella, chaval.
Daniel esboza una media sonrisa, y comenta:
-No está, ¿verdad? Está en el lugar del que vengo, y al que iré en muy poco tiempo.
-Oh, no, no, no… No vas morir, hijo…
Demasiado tarde. Su cuerpo se convulsiona. Deja de respirar. Los latidos menguan su marcha, y… El joven muere.
Se hace el silencio. Nadie habla, nadie llora. Todos se quedan quietos, a la espera, tal vez, de que, por un milagro, el muchacho se levante y vuelva a caminar. Pero eso no ocurre. Porque no es una película, o uno de los libros de aventuras que tanto le gustaban al chico. Esto es la realidad. Una realidad muy trágica, que pesará sobre sus memorias durante el resto de sus vidas.
-Esto es una tragedia.-Susurra el padre, pálido. Y en su mente sólo se baraja la idea de que es como una tragedia griega, como Antígona  o Edipo, Rey. –Tanto tiempo leyendo a Sófocles y ahora, ahora sabemos lo que es una tragedia… Lo que ardía entre las palabras de la cruel historia de Antígona.

miércoles, 26 de enero de 2011

Un relatito más...

Éste es un relato que... Bueno... Lo escribí en un estudio que nos dejaron en el colegio.


Ese día… ¿Lo recuerdas? Te acercaste con sigilo y me susurraste bellos versos al oído. 
Y yo me derretí.
 Sonreí al ver tu dulce mirada. Tú me devolviste la sonrisa, tierna, amistosa y embelesadora. Pero sólo ocurrió una vez. Una única noche separó la confianza del hielo y el frío.
Ahora, te veo pasar por las calles, pero no me atrevo a saludar. Me pongo nerviosa cuando me miras y, amagando una leve sonrisa en tus labios, desapareces entre los viandantes y los coches. Las piernas me tiemblan cuando pienso en ti. En tu forma de hablar, de pensar… Incluso de moverte. En tu forma de mirarme. ¿Hay algo tras esos ojos? ¿O sólo amistad? Ojalá fuese más que eso… Aunque, por algo se empieza, ¿no? Aun falta mucho para que pueda decirte que te quiero… Sí, no sé por qué, pero te quiero. Estoy enamorada de ti. Desgraciadamente, no eres real. Sólo eres un sueño. El príncipe azul… El chico ideal. La imagen que tengo del amor verdadero, puro e incondicional. Eres mi alma gemela, y no existes… ¡Ficción! ¡Irrealidad! ¿Por qué me atormentáis de esa manera? ¿Qué os he hecho yo? Nada. Os negáis a hablar. Ahora yo tampoco puedo hacerlo, me toca despertar. Mirar de frente a la realidad y reprocharle que acaba de salirse con la suya; que acaba de deshacer el embrujo que habías ejercido en mí. Y, aun así, aún tengo mis esperanzas y mi fe en que te veré pasar por mi ventana; nos miraremos a los ojos, y sabré que eres tú… Alma gemela.

jueves, 20 de enero de 2011

Compositoras que pasaron sin pena ni gloria.

Buenos días, gente. Esta entrada me ha venido a la cabeza gracias a un trabajo de música que terminé con una amiga el martes pasado (y lo que nos costó encontrar la información...). Ahora, como estoy un poquito aburrida (sigo enferma, y hoy no he ido a clase), voy a hablaros del papel femenino en el mundo de la música.


Lo primero que debo decir es que, en el mundo musical, el papel de la mujer quedó eclipsado por culpa de la hegemonía masculina, lo cual suponía un gran problema a la hora de componer y, sobre todo, hacer que esa composición llevase su propio nombre. Por eso algunas publicaban sus obras bajo seudónimos masculinos; un ejemplo (entre miles) es el de Jeanine Baganier, conocida como Freddy Anoka. 


Esto empieza a cambiar en el siglo XIX, cuando la mujer ya comienza a desempeñar papeles profesionalmente en el ámbito de la música, como cantante de ópera, por ejemplo.


Algunas, incluso, han llegado a ser galardonadas con el premio de la Academia de Bellas Artes de París; Yvonne Desportes, Berthe di Vito Delvaux, Rolande Falcinelli (que, aunque suene a Farinelli, no tiene nada que ver), Nadia Boulanger y Elsa Barraine son sólo algunas de ellas. 


Un párrafo de nuestro trabajo de música fue este, como resumen de todo el texto:

         A lo largo de la historia, se ha llegado a conocer el nombre de unas 5000 compositoras femeninas. Algunas de ellas utilizaban pseudónimos masculinos para poder publicar sus obras. No solo se han concebido compositoras europeas, también han destacado algunas árabes o africanas. A lo largo de los siglos XIV y XVI ha habido grandes genios de la música entre ellas; algunas destacadas podrían ser Ana Bolena, María Estuardo o María Antonia Walpurgis, muchas de ellas nobles. De origen sueco fue la primer mujer en componer una sinfonía para órgano, Elfrida Andrée. Chiquinha Gonzaga fue la primera en dirigir una en Brasil. Y aún hay más de ellas, aunque la historia no se detiene a nombrarlos, hubieron miles y talentosos silencios femeninos.



Ahora que ya he saciado mi apetito, me retiro. ¡Nos leemos!